miércoles, 4 de junio de 2008

BATALLA FINAL en el RIACHUELO

La lluvia es ahora más intensa, la bruma densa cubre por completo la extensa fuente de contaminación llamada riachuelo. A las veintidós horas, un helicóptero del ejército aterriza en una improvisada pista montada en la zona de Puerto Madero, que es custodiada por personal de la Prefectura Naval. La iluminación en el sector es prácticamente nula, los militares Wosfeller , Corman, el periodista Darío Ramos y el doctor Miralles descienden de la aeronave, al tiempo que son recibidos por un grupo de integrantes de la Marina y Prefectura Naval. Los recién llegados utilizando una rampa elevada se dirigen directamente hacia un edificio cercano al muelle en el que se encuentra amarrada la lancha destinada a la misión de acercamiento a los extraterrestres. El doctor Miralles siente un leve ardor en su estómago, es consciente que está a punto de protagonizar una de las acciones más audaces de su vida, pero interiormente no puede evitar formar parte de esta única e histórica intentona. Antes de salir de la torre donde está instalado el comité de emergencia, los cuatro voluntarios han intentado comunicarse con sus familiares en varias oportunidades aunque sin conseguirlo debido a que los sistemas de telefonía móvil continúan en silencio, ante esta imposibilidad Corman sugirió a sus compañeros dejar cartas destinadas a los seres queridos, algo que hicieron de inmediato.
La nave principal de los extraterrestres permanece suspendida a pocos metros de las oscuras aguas del riachuelo es de color claro, no tiene aberturas y parece estar rodeada por una especie de aura color violeta, lo que dá a suponer que es algo similar a un escudo protector. Wosfeller recuerda aspectos del momento en que se despidieron del resto de los camaradas militares que lo acompañaron en el comando, los abrazos, los fuertes apretones de manos, las recomendaciones y también las palabras de Kramer y Crumb los dos norteamericanos a quienes les secuestraron el material fotográfico que revelaba claramente la presencia de los extraterrestres en la ciudad de Buenos Aires. Kramer estaba plenamente convencido que a partir de este momento, el mundo entero debería vérselas con los invasores, ya que de acuerdo a su parecer, esta era una primera avanzada, la prueba piloto donde los extraterrestres estarían testeando la capacidad de reacción de los humanos y evaluando sus limitaciones. Es muy posible que hayan elegido operar en la argentina, porque saben perfectamente que es un país moralmente debilitado donde no existe una genuina conciencia de unidad patriótica y donde desde hace muchos años la anarquía imperante ha hecho estragos en la voluntad de sus habitantes. El hombre de la CIA tiene muy en claro que es una nación muy fácil de conquistar y comprar donde hay demasiadas riquezas inexplotadas y extensiones de tierra muy grandes e ideales para cultivos de todo tipo o la cría de animales.
La embarcación tiene su motor encendido y también se están revisando las luces especialmente instaladas en los sectores de proa, popa y el puente con el propósito que al momento de avanzar sea perfectamente visualizada por los visitantes. El personal de Prefectura Naval y Marina que se encuentran en el sitio, están conversando con Wosfeller y sus acompañantes, quieren saber cómo proceder o saber lo que estará sucediendo en caso de llegar a un contacto con los extraterrestres.
Wosfeller bebe otro café, y con una sonrisa les responde;
-Ninguno de nosotros sabe lo que puede llegar a ocurrir, tampoco estamos convencidos que nos
permitan aproximarnos a ellos, solo Dios puede manejar este intento.
-Señor comandante, me interesa saber cómo debemos proceder en caso que ustedes sean
atacados, pregunta un oficial de la marina.
-Mire, si los invasores nos agreden, no habrá posibilidad alguna de contraatacar, no tenemos los
medios de movilidad ni las armas adecuadas para dar una respuesta si esto llegara a suceder,
nuestra intención es hablar con ellos y de alguna manera pedirles que no continúen
almacenando carne humana y definitivamente saber que quieren de nosotros, responde
Wosfeller.
Un par de buzos tácticos de Prefectura Naval solicita permiso para sumarse al grupo de acercamiento. Tanto Wosfeller como Corman, los observan durante unos segundos y el propio comandante es quién finalmente les dice;
-No me opongo a que ustedes nos acompañen, vendría muy bien que estén a bordo de la lancha
como apoyo. Solo les pido que unicamente traigan sus equipos de buceo, ningún arma o algo
parecido ¿de acuerdo?
Los buzos aceptan la órden de Wosfeller e inmediatamente se abocan a revisar los tanques de oxígeno y preparan sus trajes de neoprene. Todo indica que de un momento a otro, la embarcación pondrá proa hacia el sitio donde están estacionados los ovnis. En la cubierta de la lancha, se encuentran además de Wosfeller, el periodista Darío Ramos, el doctor Miralles, el coronel Corman, los buzos tácticos Luna y Martinelli y los tripulantes Cano y Quiroga, pertenecientes a Prefectura Naval. En el muelle hay varios integrantes de las distintas fuerzas, el grupo de hombres saluda respetuosamente a quienes van a partir. La lluvia continúa cayendo, esta vez más tenue, las luces se encienden, la embarcación suelta amarras y completamente iluminada comienza a alejarse lentamente del muelle.
Los visitantes que están en el interior de la nave principal son altos, muy delgados tienen sus rostros cubiertos con máscaras de oxígeno están atentos a un panel cubierto de sofisticados controles y visores capaces de escanear visualmente todos los puntos de la ciudad en simultáneo. La lancha que navega despacio por el oscuro riachuelo no les llama la atención, sin mediar palabra alguna se miran entre ellos y comienzan a desplazarse hacia diferentes sectores del ovni, en cuyo centro existe una burbuja transparente donde se mueve una importante masa de carne humana que aparentemente está siendo procesada.
El sonido que emite la maquinaria que depura, clasifica y transporta la carne clasificada a través de un tubo conectado a la segunda nave extraterrestre es apenas audible. En la pantalla más grande del control central, los visitantes del espacio siguen atentamente el desplazamiento de la lancha que se aproxima al sector.
Darío Ramos empuña su cámara de video y comienza a grabar. Solo el doctor Miralles se percata de esto y le pide que apague la grabadora, ya que esto puede alterar la misión de contacto.
Ramos que no puede ocultar su nerviosismo y lógico temor, accede de inmediato a la solicitud del médico. La embarcación de Prefectura, ya se encuentra a unos cincuenta metros de la nave invasora. Wosfeller está calculando el momento en que ordenará que se detenga el motor y "tiren" el ancla en esa parte del maloliente riachuelo.
Ahora se escucha un sonido que parece surgir del fondo de las oscuras aguas, simultáneamente el tubo que conecta las dos naves extraterrestres se desconecta de la que aún permanece a escasos metros de las aguas que comienzan a entrar en ebullición. La lancha de Prefectura comienza a sacudirse al compás de las aguas y los tripulantes que allí se encuentran se aferran a las barandillas para evitar ser despedidos. El ovni suspendido en la parte superior emite un zumbido, se ilumina por completo y se eleva velozmente hasta desaparecer entre las densas y oscuras nubes. La segunda nave, la de mayor tamaño está vibrando al tiempo que en todo su perímetro brotan luces enceguecedoras, el zumbido es ensordecedor, se pone en movimiento e inicia un lento despegue que agita las espesas aguas al punto de hacer zozobrar la lancha que ocupan Wosfeller y sus voluntarios acompañantes.
Toda esa parte de la cuenca líquida más contaminada de la ciudad de Buenos Aires, parece transformarse en día, las poderosas luces que parten de los ovnis enceguecen a los atónitos miembros de la lancha que en segundos, debido a la potencia de las silentes turbinas de la nave extraterrestre, da un peligroso vuelco hacia el sector de estribor y milagrosamente la embarcación vuelve a estabilizarse sobre la superficie.
Muchos ciudadanos sitiados en los edificios aledaños al riachuelo, pueden observan la partida de los dos ovnis, los ocupantes de la embarcación se sienten decepcionados, todo parece haber sido en vano, aunque el doctor Miralles piensa que lo mejor que pudo suceder es que los visitantes del espacio hayan partido. Wosfeller está abatido, ninguna de las personas que se encuentran a bordo dice una palabra, seguramente ya habrá tiempo para hablar y evaluar los sucesos. Ahora vendrá la reconstrucción de una ciudad que ha sufrido la mayor devastación de su historia. Al día siguiente la lluvia se detuvo. Las aguas putrefactas que inundaban las calles comenzaron a descender , también desaparecieron las nubes color gris oscuro y un tibio sol volvió a brillar tímidamente después de treinta días de pesadilla que nadie podrá olvidar por el resto de sus días.
La gran urbe comenzó a ser evacuada de a poco, la Buenos Aires que fué una "Venecia" macabra intenta organizarse, aunque las miles de personas voluntarias que se ocupan de liberar las arterias húmedas saben perfectamente que esto no resultará sencillo y demandará mucho tiempo. Muchos sobrevivientes deambulan como "zombies" , han salido de sus refugios y llevan en sus rostros las huellas de los padecimientos de su interminable naufragio.
La lista de muertos y desaparecidos dificilmente sea dada a conocer, pero extraoficialmente se calculan más de un millón de víctimas fatales.
Buenos Aires fué un coto de caza muy productivo para los extraterrestres, ya que alguna vez se sabrá que provienen de un planeta que carece de vida animal y cuyos habitantes, durante muchos años estuvieron habituados a consumir alimentos de orígen vegetal u otros netamente artificiales, hasta que en una de sus primeras incursiones a la tierra tomaron la decisión de proban la carne humana que les pareció además de sabrosa, muy rica en proteínas.
La capital de argentina fué elegida por su altísimo grado de polución, también los invasores analizaron el riachuelo como a una inmensa extensión de aguas muertas totalmente contaminadas, que en conjunto con los basurales, el smog, los ruidos y el desorden imperante en todos los niveles, brindaba a los invasores un campo propicio para la captura de sus presas.
También habían generado una inundación poderosa sabiendo que la misma causaría la muerte de miles de habitantes que en su afán de sobrevivir se eliminarían los unos a los otros y los cientos de miles de metros de cañerías de agua que circulan por la ciudad serían el circuito perfecto y oculto que les permitió detectar, succionar y transportar en forma rápida los órganos de los fallecidos hacia el núcleo procesador de carne humana.
En algún sitio de la galaxia, donde también existe vida, ha comenzado una batalla por la supervivencia. Probado está que en esta incursión no hubo afán de conquista o invasión, pero seguramente los extraterrestres que han probado la carne humana, retornarán cuando necesiten abasterse de este alimento. Así como los humanos cazan animales, muy lejos de la tierra, cazadores mucho más sofisticados harán lo mismo con las personas cuando su apetito lo crea necesario.
FIN

sábado, 24 de mayo de 2008

LA BATALLA DEL RIACHUELO (Parte 1)

Wosfeller estaba plenamente convencido que la vieja Buenos Aires, la atractiva ciudad sudamericana que alguna vez supo ser tierra de oportunidades para los miles de sufridos inmigrantes europeos que perseguidos por las penurias de las guerras y el hambre llegaban en los barcos con la esperanza de una vida mejor, estaba a punto de ser exterminada. Pero;¿Porqué la fuerza extraterrestre había decidido montar sus bases operativas en un sitio tan altamente contaminado como el riachuelo? La base aeronaval Comandante Espora, ha puesto a disposición del comité cuatro cazas de combate artillados con misiles y la Fuerza Aérea está en condiciones de enviar media docena de aviones para bombardear a los invasores. Wosfeller y el resto de los oficiales de las distintas fuerzas comprometidas evalúan esta posibilidad.
-Me pregunto hasta que punto, podemos tener efectividad de fuego contra los extraterrestres,
dice el coronel Corman.
-¡Creo que ustedes los argentinos, llevarían todas las de perder si intentan un ataque, eso sería
totalmente suicida! exclama Kramer.
-¡Vea Kramer, tanto usted como su gobierno son los menos indicados para darnos una opinión
valedera en esta difícil circunstancia, nosotros no olvidaremos nunca que durante la guerra de
Malvinas, ustedes los norteamericanos nos dieron la espalda poniéndo sus satétiles a disposición
de los ingleses dice Wosfeller.
-¡Eso pertenece al pasado general, pero tenga en cuenta que ahora, gracias a la información
confidencial que tenía en mi poder en el momento en que usted y su gente nos secuestraron a
mí y a Crumb, ustedes pueden ver claramente lo que está sucediendo en el riachuelo y saber
contra quienes tendrán que vérselas, esto prueba general que mi país en esta oportunidad le
está facilitando observación satelital muy precisa!, le dice Kramer.
-Tiene razón, de alguna manera e indirectamente Estados Unidos nos ha dado una información
muy importante, pero sabemos perfectamente que no podemos esperar ninguna ayuda de
parte de ustedes- contesta Wosfeller.
-Comandante, ustedes ya tuvieron una experiencia lamentable con la guerra de Malvinas, a
partir de aquellos lamentables sucesos, las fuerzas armadas argentinas no solo carecen de
armamento moderno y eficaz, sino que también tienen la oposición de la mayoría de los
habitantes de este país harto de los golpes de estado y las desprolijas dictaduras- exclama
Crumb.
La periodista Magdalena Aspiazu y su colega Darío Ramos, hasta el momento se han limitado a escuchar atentamente la discusión entre los militares argentinos y los dos ciudadanos norteamericanos y ahora es Ramos quién emite una opinión.
-Disculpe, pero si usted decide iniciar un ataque contra las naves extraterrestres debe tener en
cuenta que los invasores se defenderán y el costo de vidas puede llegar a ser más alto de lo que
supone.
Wosfeller sabe que Ramos tiene razón, pero ¿que hacer? hasta el momento, todo indica que los visitantes del espacio solo se están llevando órganos de humanos que estaban en agonía o sangrando por heridas diversas, pero en definitiva no hubo una agresión material, ellos simplemente toman las "sobras" de la carnicería. Atacarlos con los escasos medios bélicos que han quedado como inservible "chatarra" en los cuarteles militares, la marina o la aviación, sería algo totalmente insensato. ¡Dios! piensa- ¿porqué los argentinos hemos descendido tan al fondo del infierno, que hicimos mal, en qué nos equivocamos tanto?.
-¿Un café comandante? pregunta Corman.
-Sí, sí, gracias coronel, está haciendo mucho frío y estoy comenzando a confundirme de verdad.
Cuando los convoqué a todos ustedes para formar este comité de emergencia, el propósito era
luchar contra nuestra inoperancia, actuar con decisión y mano firme en la adversidad, ponerle
fin a los saqueos y ordenar el caos imperante, pero a partir de la aparición del líquido y
enterarnos de la presencia de naves extraterrestres, creí que éste es un histórico
momento para poner a prueba el valor de las fuerzas armadas y la necesidad de reinstalar su
presencia en el país. El doctor Miralles es quién interviene en la conversación;
-Estoy pensando si no sería una buena idea acercarse a los invasores y hablar con ellos.
Todos quedan sorprendidos al oir la propuesta de Miralles.
-¿Acercarse dice usted doctor? Pero...¿Cómo puede recibirnos esta gente? pregunta Wosfeller.
-Podemos formar un pequeño grupo parlamentario y acercarnos por vía acuática, ellos tienen
todos los medios tecnológicos como para saber cuales son nuestras intenciones.
Magdalena Azpiazu es la primera en aprobar la idea del facultativo. A la periodista le parece una salida lógica, ya que atacar la nave y poner en riesgo la vida de los sobrevivientes de la ciudad de Buenos Aires no sería lo más prudente.
-Está bién, creo que la sugerencia del doctor Miralles es razonable. Nada perderíamos si
intentamos hablar con los extraterrestres, coronel Corman, ocúpese de conseguirnos una
lancha de la Prefectura Naval con el mínimo de tripulación, ordena Wosfeller.
-Ya me ocupo de esto señor comandante, solo le pido que me permita acompañarlo, dice Corman.
-Acepto que usted venga conmigo coronel, sería muy importante que todo esté listo cuanto
antes, dice Wosfeller.
Mientras esto está sucediendo en la sala principal donde funciona el comité de emergencias, una embarcación de la Prefectura Naval arriba al viejo edificio donde se encuentra el padre Marinello junto al doctor Beguet y un grupo de refugiados. Realizadas las tareas de amarre, quiénes ingresan primeramente al lugar son el oficial a cargo y un subalterno. El sitio está totalmente a oscuras y no hay señal alguna de vida. El olor a humedad se mezcla con el de la putrefacción, los dos uniformados comienzan a avanzar cautelosamente iluminando el sector con sus linternas, sienten escalofríos cuando repentínamente ven varios cuerpos humanos despedazados diseminados por todas partes. El oficial siente ruidos en la parte alta e instintivamente dirige hacia allí la luz , comprobando que gran cantidad de ratas se mueven veloces a través de los tirantes de madera. El oficial y su subordinado comienzan a retroceder buscando la salida para llegar a la lancha, pero ya es demasiado tarde, una avalancha de alimañas se arroja sobre ellos emitiendo horribles chillidos sin darles tiempo a defensa alguna. Los tripulantes de la embarcación tampoco tienen posibilidades de reaccionar, cientos de ratas ingresan en furioso tropel a la lancha y comienzan a atacar a sus ocupantes. Desesperados, algunos optan por arrojarse a las malolientes aguas intentando ponerse a salvo, pero esto resulta inútil y que los roedores se mueven con gran facilidad sobre el líquido y en pocos segundos terminan con la vida de los desdichados.
Nadie ha logrado sobrevivir a este asalto final que las ratas hambrientas hicieron sobre el centro de asistencia donde aún resistían el padre Marinello, el doctor Beguet y varias personas refugiadas. La misma suerte había corrido toda la tripulación de la lancha que conducía al doctor Oliver y una importante cantidad de personas cuando su casco chocó violentamente contra la estructura de un automóvil sumergido y la embarcación dió una brusca vuelta de campana haciendo que la mayoría de los ocupantes caigan a las aguas embravecidas y desaparezcan en contados minutos. El naufragio de la lancha que conducía al doctor Oliver, fué uno de los tantos que sucedieron durante la noche más tenebrosa y negra que tuvo la ciudad de Buenos Aires y ésta fué la razón por la que el auxilio esperado por el padre Marinello y quienes decidieron permanecer junto a él no llegó a tiempo.
En este momento, unos pocos helicópteros continúan sobrevolando el gigantesco escenario donde cunde la muerte y la destrucción. Las misiones de rescate se ven limitadas ante la falta visibilidad ocasionada por la densa niebla y los fuertes vientos, Wosfeller y su gente saben que no hay tiempo que perder. Darío Ramos controla las baterías de su sofisticada cámara de video, el jóven periodista quiere ser parte del grupo que irá a parlamentar con los invasores, tiene en claro que si todo sale bien, ésta puede ser la gran nota de su vida. El mismo Wosfeller le ha pedido a la señora Magdalena Aspiazu que no corra el riesgo de acompañarlos y se quede en lugar seguro. El coronel Corman ha recibido la confirmación que hay una lancha de Prefectura Naval disponible para la misión y un grupo de especialistas de la fuerza, se encuentran acondicionando la embarcación que zarpará desprovista de armamento y con una importante cantidad de luces y reflectores que se están instalando sobre todo el casco de la embarcación elegida.
La lluvia se ha intensificado y sobre los cuatrocientos mil metros cúbicos de aguas servidas que tiene la cuenca del riachuelo, las dos enormes naves extraterrestres se mantienen inmóviles y suspendidas en el aire, su presencia en ese sombrío cementerio de barcos es imponente. Solo se escucha un zumbido similar al que emiten los ascensores veloces y lo produce el tubo que parece conectar al ovni principal con las profundidades.

domingo, 18 de mayo de 2008

AGONICA BUENOS AIRES

Todos los ocupantes del "Arca" se encuentran a bordo de la lancha de Prefectura Naval que los rescató de las aguas cuando la precaria embarcación en que viajaban estaba a punto de hundirse. Indalesio Peral se encuentra en la cabina de mandos bebiéndo un café junto al oficial que está a cargo de la nave, sus salvadores le han facilitado a él y al resto de los viajeros del "Arca" ropas secas y mantas para protegerse del intenso frío reinante. La doctora Elena está acostada cerca del lugar donde funciona la radio y puede oir al operador solicitando reiteradamente la presencia de una lancha de rescate en el edificio donde se encuentran el padre Marinello, el doctor Beguet y el resto de los refugiados. El oficial que comanda la embarcación le pide a su subordinado que insista con el pedido, el marino conoce al padre Marinello y también todas las campañas que este hombre de fé ha llevado a cabo en bien de la gente humilde. Ahora la señal de la radio tiene interferencias y se pierde momentáneamente el contacto con la base.
El padre Marinello siente que esta vez sus fuerzas lo han abandonado casi por completo, tanto él como el doctor Beguet además de fiebre, vómitos y diarrea también han visto la aparición de manchas extrañas en distintas partes de sus cuerpos. El sacerdote no quiere rendirse, pero el panorama dentro del centro asistencial no es el mejor, ya no les queda agua potable y tampoco garrafas de gas. El frío que impera en el lugar es cada vez más insoportable y solo dos voluntarios aún tienen fuerzas para moverse, entre ellos una enfermera. Hacen todo lo humanamente posible por asistir con los escasos recursos disponibles a los refugiados que permanecen allí. ¿Y el doctor Oliver?¿Acaso pudo haberse olvidado de sus compañeros del centro asistencial, que habrá sucedido con él, porqué la gente de Prefectura Naval no regresó con la ayuda prometida?.
El padre Marinello se ha incorporado con mucha dificultad, apoyándose en las paredes intenta llegar hasta el único baño disponible que hay en el segundo piso del edificio, hace varios días que las cloacas han colapsado y el olor que despide la materia fecal diseminada en el sector del baño y el pasillo es insoportable y aumenta la sensación de impotencia de quienes tratan de resistir en ese sitio alejado y olvidado. Un grito terrible despierta al doctor Beguet, el médico abre los ojos y a un par de metros de donde había quedado dormido, observa a varias ratas mordiendo salvajemente a una mujer que tiene sus dos piernas lastimadas. Beguet hace un esfuerzo casi sobrehumano para incorporarse y tratar de ayudar a la desdichada que solo atina a cubrirse el rostro con sus manos, mientras que las hambrientas alimañas están prendidas a sus extremidades sangrantes. Beguet trastabilla y cae de bruces sobre el piso, ninguno de los presentes en esa sala atina a hacer nada, los roedores se desplazan velozmente por todo el sector atacando en simultáneo y sanguinariamente a sus indefensas víctimas.
En ese mismo momento en el edificio donde funciona el comité de catástrofes, el coronel Córman se acerca al general Wosfeller y le entrega una carpeta.
-¿Aquí está todo, Córman?- Pregunta Wosfeller.
-Sí comandante, aquí está la nómina de bases que respondieron a nuestros mensajes radiales.
-Bien, esto lo veremos en un rato, ahora haga pasar a los dos norteamericanos.
Kramer y Crumb ingresan al recinto acompañados por dos suboficiales de la infantería de Marina. Ahora, los dos ciudadanos norteamericanos, se mostraban mucho más calmos y fueron invitados por Wosfeller a tomar asiento. Inmediatamente entran Azpiazu y Ramos, los únicos periodistas autorizados a registrar todo lo que allí ocurre. El coronel, vá diréctamente al grano y a una seña suya un sargento del ejército enciende el protector de video. En la amplia pantalla desplegada sobre una de las paredes comienzan a verse imágenes aéreas que muestran distintas partes del contaminado riachuelo y se vé nítidamente lo que parece ser una gigantesca nave espacial de forma ovalada que permanece suspendida a pocos metros de las aguas contaminadas y sin vida.
La proyección es breve, Wosfeller pide al suboficial que maneja el proyector que detenga la secuencia donde puede observarse con claridad el ovni con todas sus luces encendidas y un tubo transparente que sale desde el sector inferior de la nave y dá toda la sensación de estar conectado con la profundidad del riachuelo. En otra de las tomas aparece una segunda nave de menor tamaño que supuestamente cumple una función de apoyo a la principal.
El capitán de Navío Salas, levanta su mano derecha pidiéndo autorización para decir algo, Wosfeller asiente con un gesto de su cabeza y el marino dirigiéndose a Kramer le pregunta
-¿Cuanto tiempo hace que el Pentágono conoce la existencia de extraterrestres en argentina?
-Nuestro satélite captó estas imágenes aproximadamente una hora después de iniciado el
temporal provocado por los invasores, responde Kramer.
-¿Con qué finalidad ellos generaron esta catástrofe? exclama Wosfeller.
-Aún no lo tenemos claro, pero no es una invasión ni un ataque violento, en ningún momento
utilizaron armas explosivas o gases pero tienen el control absoluto de los sistemas de cañerías
que recorren íntegramente la ciudad de Buenos Aires, los utilizan como medios de movilidad
para desplazar por esos conductos su micro tecnología de avanzada, responde Kramer.
El doctor Miralles presta atención a esto último, no había dicho una sola palabra desde que el material fílmico secuestrado a los norteamericanos fué exhibido en la pantalla, de alguna manera todo lo que él había documentado sobre la acción de las serpientes líquidas y la succión de órganos humanos dejaba de ser una teoría alocada. Miralles se puso de pié y dirigiéndose a todos los allí presentes dice:
-¡Ellos solo quieren carne humana, es lo único que vinieron a buscar aquí!
Wosfeller y el resto de los ocupantes de la amplia mesa, le piden que se calme. Miralles bebe un sorbo de agua y un poco más tranquilo coninúa con su alocución.
-Sí, ustedes lo han visto, es desagradable, pero está probado que los extraterrestres transportan carne humana a través de las cañerías, las usan como arterias para desplazarse a su antojo y de manera segura, oculta. Han obrado con muchísima inteligencia armando una autopista gigantesca donde hay milllones de redes.
-¡Tenemos que detenerlos! exclama Wosfeller.
-Es imposible luchar contra ellos, ustedes no tienen armas ni organización como para enfrentarse
a una fuerza de esta naturaleza, dice Crumb.
-¡Tampoco nos vamos a dejar devorar sin intentar una defensa, somos militares y es nuestra
obligación hacerlo responde Wosfeller.
"Peligro" está agitado, su transpiración es fría, ha vomitado demasiado, está asqueado, impresionado, le duele el estómago y quiere dejar ese departamento cuando antes, pero ¿como salir de allí?. ¡Los techos! piensa, sí puedo salir a la terraza y desde allí moverme por los techos y entrar en alguna casa donde pueda encontrar ayuda. ¡Si me quedo aquí, esta loca de mierda terminará comiéndome a mí!
Por primera vez, este jóven delincuente y asesino tiene miedo, está realmente aterrado, imagina que Malena puede surgir en cualquier momento desde la gélida oscuridad del tenebroso sitio y atacarlo imprevistamente. La idea de llevarse algo de valor, sigue rondando en su mente enturbiada, está convencido que ella guarda el dinero en alguna parte y la única forma de saberlo es preguntándoselo. Malena duerme, de a ratos y a través de las gruesas cortinas de su habitación se introducen las fugaces luces que producen los relámpagos, la mujer despierta sobresaltada, "Peligro" la toma de los cabellos y la sacude con fuerza, la mujer no entiende aún lo que está sucediendo.
-¡Donde guardás la plata maldita vieja comegatos! grita el delincuente mientras abofetea a la mujer y la saca violentamente de la cama. Malena esa arrastrada por el pasillo, al fondo, la cocina está iluminada por el gas que emana de la garrafa que había dejado encendida para aportar algo de calor al departamento. En su tránsito furioso poblado de gritos y golpes no puede creer que ese muchacho al que salvó de una muerte segura le esté haciendo ésto. Ya llegaron al living, "Peligro" la arroja sobre uno de los sillones, el ladrón está fuera de sí, totalmente descontrolado. Malena trata de calmarlo, pero sus intentos son vanos porque cada vez que dice una palabra el delincuente le propina un puñetazo y vuelve a insistir desaforadamente con sus reclamos de dinero.
Malena siente un dolor intenso en el pómulo derecho, se toca y nota que no hay sangre. Allí es donde más fuerte la golpeó su enloquecido invitado. Con lágrimas pero sin súplicas, lo mira y le dice:
-Basta, no me pegues más por favor. En la heladera, abríla y allí hay una lata de leche donde hay
algunos pesos.
"Peligro" no duda un segundo, abre el refrigerador y encuentra lo que Malena guarda allí. Con ese dinero alcanzará como para volverse a la villa con algo. Pone el efectivo en una bolsita de nylon que guarda en uno de los bolsillos de su pantalón, ahora vá hacia el living, está dispuesto a terminar con la vida de Malena, se le ocurre que el candelabros de bronce que está sobre la mesa del living es lo bastante fuerte como para darle un golpe mortal, pero grande es su sorpresa cuando no la encuentra en la sala. Otra vez el temor lo asalta, se apoya contra una de las paredes, al hacer ésto, uno de los cuadros cae al piso y su vidrio estalla. "Peligro" con ágiles saltos y el impulso del miedo, llega hasta la puerta principal de la vivienda y nota que está cerrada con llave, siente un ruido, algo oscuro que viene veloz hacia él, un golpe doloroso e inmediatamente la oscuridad total.
Malena le había arrojado la pesada garrafa. El delincuente yace de espaldas sobre el piso, tiene una herida considerable en la cabeza, la mujer vuelve a levantar el recipiente de gas, lo alza bien en alto con sus dos brazos, calcula que esta vez ese maldito ladrón no sobrevivirá.
El líquido percibe sangre y fluye veloz desde una de las canillas de la cocina, todo es rápido como siempre e ingresa directamente en la importante herida que "Peligro" tiene en la cabeza. El cuerpo se agita, golpea como un taladro contra el piso de madera, Malena mira el proceso de vaciamiento de carne con la indiferencia propia de la insanía.
Los huesos y la piel que envuelven los restos del delincuente sin sus órganos internos yacen esparcidos sobre la antigua y húmeda alfombra. Después de unos minutos Malena se incorpora, ubica la garrafa en sobre la mesada de mármol, abre la alacena , descuelga el cuerpo de uno de los gatos muertos y con su mirada enajenada procede a trozar el cuerpo del animal. La mente enferma de Malena solo tiene brevess chispazos de realidad, la pobre mujer había perdido la razón casi por completo y ahora desde el viejo grabador de pilas gastadas se escucha debilmente la voz de Julio Sosa cantando "Cambalache".

sábado, 17 de mayo de 2008

CUENTA REGRESIVA

Malena ha aparecido sorpresivamente, "Peligro" apenas puede distinguir la silueta de su salvadora que está parada al final del pasillo y ahora comienza a caminar lentamente hacia él. Recién en este momento, el delincuente se percata que la mujer tiene una leve cojera en su pierna derecha y se vale de un bastón para movilizarse.
-¡Hola, como estás muchacho, ¿te sentís mejor?
-Sí mucho mejor, responde "Peligro".
-Estaba esperando que te despiertes para darte una sorpresa, vení, vamos hacia el living.
La sala es muy amplia, tiene un gran ventanal que da a la calle y es el mismo por el que Malena hizo ingresar a "Peligro" al departamento. El mobiliario es antiguo, la mesa principal al igual que las sillas están construídas con madera maciza. Las paredes del ambiente muestran una importante cantidad de fotos prolijamente enmarcadas, la mayoría de las imágenes están en blanco y negro. Malena se dirige a la cocina, momento que el "huesped" aprovecha para mirar las antiguas fotografías ayudado por una linterna, lo que está viendo son retratos autografiados de distintos cantantes de tango, músicos y también descubre una importante cantidad de instantáneas en las que aparece la propia Malena cuando era jóven. Le llama la atención la sugestiva belleza de la mujer, la forma llamativa de vestirse y la risa feliz que muestra en cada una de las fotos.
-¿Te gustan? la voz de Malena se escucha detrás de "Peligro" que con mezcla de curiosidad y
entusiasmo está contemplando las sucesivas imágenes expuestas en las paredes.
-Sí, es toda una historia,¡cuantos músicos hay acá! y ¿ésta sos vós nó?.
-Sí aquí tenía veinte años más o menos, en esta época empezaba a bailar y cantar tangos.
-Eras una linda chica, Malena, muy linda, dice "Peligro".
La mesa tiene puesto un mantel blanco de hilo bordado y en el centro hay un candelabro de bronce con tres velas encendidas, el delincuente nunca había visto tanto despliegue de copas finas, cubiertos de plata y vajilla que también tiene toda la apariencia de ser de mucho valor. Malena se ha recogido el cabello, está feliz, durante todo el tiempo que permanece en la cocina preparando la comida, tararea tangos. Por fin aparece en el living comedor portando una fuente humeante.
-Humm, que bien huele eso, ¿que és? pregunta el invitado.
-Un plato exclusivo de Malena, vas a ver que rico, dice la mujer.
"Peligro" come con satisfacción, incluso ha repetido el menú preparado por su salvadora que
también ha abierto una botella de vino tinto añejo. Mientras comen, quien más habla es Malena
que relata pasajes de su intensa vida como cantante y bailarina de tangos. Ambos rién, se
sienten bien y continúan bebiendo.
-¿Y cuando dejaste de bailar? Pregunta "Peligro".
-Con Antonio, que era mi marido y pareja de baile, tuvimos un accidente con el auto, veníamos
de actuar en Las Flores, Antonio que venía manejando se quedó medio dormido y chocamos de
frente con un camión, fué terrible, él murió en el acto y a mí me quedó la pierna derecha
destrozada, esto pasó hace más de veinte años y desde entonces no pude trabajar más y me
vine a vivir aquí, con mi madre y mis mascotas.
-¿Que mascotas tenés?
-Cuatro gatitas hermosas, mirá ahí sobre el aparador hay dos fotos.
-¿Y donde están? pregunta "Peligro", que se levantó de su silla para mirar las fotos de los gatos.
-Se fueron, ni bien empezó la tormenta desaparecieron, estaba aterradas pobrecitas dice Malena
con voz compungida mientras bebe otro sorbo de vino.
-Menos mal que fuiste precavida exclama el delincuente.
-¿Prevavida?
-Sí, te quiero decir que tuviste la buena idea de conservar carne enlatada...
-Ah, sí, guardé varias latas, por suerte, responde Malena.
El vino ha provocado en "Peligro" una sensación de sueño, acompañado por su anfitriona "tanguera" se dirige hacia el dormitorio que la mujer acondicionó para él. Los truenos siguen haciéndose oir y la sala se ilumina cada vez que estalla un relámpago, el delincuente está cansado, Malena lo cubre con actitud maternal y observa que su invitado se duerme de inmediato.
A todo esto, el "Arca" construída por Indalesio Peral, navega sobre las aguas turbulentas, la frágil embarcación apenas se mantiene a flote, el fuerte viento reinante la ha ido desmantelando de a poco, su precario mástil se ha quebrado y la carpa que fué armada para cobijar a los enfermos que lleva a bordo, entre ellos la doctora Elena, se ha rasgado en varias partes.
Peral intuye que no podrán resistir mucho tiempo más, preocupado escucha el crugido de las maderas al romperse, ahora la balsa se inclina violentamente y dos remeros caen a las fétidas aguas. Inútiles son los esfuerzos por rescatar a los infortunados tripulantes que en contados segundos desaparecen de la superficie.
La doctora Elena está amarrada con sogas a su catre, Peral considera que es hora de abandonar la embarcación y sea como sea tratar de amarrarse a alguna de las edificaciones semi sumergidas que van apareciendo al paso del "Arca". Al ingresar a la casi inexistente carpa, nota que una de las personas que están alojadas allí, ha muerto; Es una mujer jóven que aún mantiene sus ojos abiertos, ahora se acerca a la doctora Elena, la ilumina con su linterna y observa que la médico respira con cierta dificultad y que aún está bajo los efectos de la fiebre. El agua está cubriendo casi todos los sectores de la embarcación y la proa es la más afectada. Un fuerte golpe sacude al "Arca", ahora se escucha el sonido de una potente sirena. Los fatigados ocupantes que están en el exterior de la balsa son iluminados por un reflector al tiempo que oyen nítidamente el motor de una embarcación milagrosamente surge desde las tinieblas y se aproxima haciendo sonar su sirena ininterrumpidamente.
En este mismo momento, "Peligro" abre los ojos, ha dormido menos de dos horas. Calcula que Malena, que bebió más cantidad de vino que él, estará durmiendo profundamente y esto le permitirá moverse tranquilo por la vivienda para estudiar el terreno y buscar una salida inmediata. El delincuente está seguro que la mujer tiene allí bienes bastante valiosos, ha visto los cubiertos de plata que guarda celosamente y es muy posible que en algún sitio tenga dinero oculto. Con gran sigilo, el malviviente sale de la habitación y avanza sigilosamente hacia la cocina, ya que le ha llamado la atención la existencia de una puerta ubicada a un metro de la cocina que Malena se ocupa de mantener cerrada. Piensa que allí puede funcionar una alacena, algo muy común en esas edificaciones antiguas. La puerta de lo que supone una despensa, está cerrada con llave, "Peligro" lleva consigo una de las linternas que le facilitó la dueña de casa, calcula que no le será complicado abrir esa puerta, para un delincuente de su calibre, no hay obstáculos, solo necesita un trozo de alambre, solo eso.
En una caja de herramientas que Malena tiene en la cocina, encuentra lo que busca. El delincuente introduce la improvisada "ganzúa" en la ranura de la cerradura, percibe un fuerte olor a carne en descomposición, "posiblemente sean desperdicios que esta vieja tiene aquí adentro" piensa en el mismo momento en que logra abrir la puerta.
El olor a putrefacción es ahora más intenso, tratando contener las naúseas que le produce, dirige la luz de la linterna hacia el interior del pequeño sitio que sirve de depósito para elementos de limpieza, cuando sorprendido y asqueado vé colgando del techo los cuerpos de dos gatos despellejados en avanzado estado de descomposición.
La nausea contenida se transforma en súbito vómito, "Peligro" retrocede espantado, presiente que la carne que ha comido pertenece a esos felinos despellejados. ¡Maldita bruja! piensa, "sus mascotas no se fueron, la hija de perra se las fué comiendo y yó también".
La lancha es grande, su reflector ilumina a pleno, casi con luz de día a la endeble balsa que fué bautizada como el "Arca". Los hombres de Prefectura Naval se mueven rápidamente e inician a tiempo el rescate de los ocupantes de la embarcación, que estaba a punto de naufragar.
Indalesio Peral es el último tripulante que abandona el "Arca", quiso quedarse a bordo y cuidar que la operación de traslado se haga en órden. La doctora Elena, ya está sana y salva en la lancha de Prefectura Naval, donde en este momento es atendida por un paramédico.

miércoles, 14 de mayo de 2008

HORAS DECISIVAS

Al escuchar los gritos de sus vecinos, el capitán Castillo sale rápidamente de su departamento, lo primero que vé es a una mujer revolcándose desesperada en el pasillo. Está totalmente cubierta de ratas que se mueven veloces y hambrientas por todo su cuerpo cada vez más destrozado y sangrante. Castillo sabe que nada puede hacer por la desdichada, apenas distingue el rostro totalmente desfigurado de la víctima que está agonizando en medio de terribles dolores. Castillo no vacila en apuntar su arma directamente a la cabeza de la mujer y le efectúa dos disparos, ahora pasa junto al cadáver, se dirige hacia la escalera con la intención de ir hasta el piso donde está la vivienda de la familia Diez, un tropel de alimañas se interpone en su camino, dos de ellas se han prendido rabiosamente a una de sus piernas, logra quitárselas de encima y estrellarlas sobre el piso. Siente un dolor punzante en su mano derecha, otra rata le ha clavado allí sus filosos colmillos y también consigue librarse de ella golpeándola repetidamente contra la pared. Ya está a pocos metros del departamento de Sebastián y Lorena Diez, la puerta está cerrada, escucha gritos de auxilio provenientes del piso superior, una fila de roedores se lanza velozmente tras él, pero consigue ingresar a la vivienda y cerrar la puerta a tiempo. En el interior hay un silencio sepulcral, Castillo teme lo peor y sus sospechas se confirman cuando al entrar al dormitorio del matrimonio descubre que la pareja yace sin vida sobre el piso de la habitación. Ambos han sido devorados casi por completo por las ratas, el militar aún tiene la pistola en su mano derecha, otra vez el chillido histérico que anticipa el ataque mortal de las alimañas que parecen surgir de la nada y se acercan a Castillo que levanta su arma y dispara repetidamente contra los roedores, varios han muerto alcanzados por la balas, ya sin fuerzas y muy herido en diferentes partes de su cuerpo Castillo se sabe perdido , hace un intento final por poner el cañón del arma en su cabeza pero trastabilla y cae sobre una biblioteca, se le nubla la vista, las ratas están mordiéndo su cuello, ahora logra introducir el caño en su boca y oprime el gatillo. En ese mismo instante, la señora Roberts está encerrada en el baño de servicio de su departamento, se ha apoyado contra la puerta y llena de miedo comienza a rezar tomándo la cruz que lleva colgada de su cuello, ya no escucha más gritos del otro lado, supone que posiblemente las ratas se hayan hartado de matar gente y estén satisfechas con tanta comida humana, está totalmente invadida por el pánico. Un sudor frío recorre su indefensa humanidad, repentínamente la tapa del inodoro es eyectada hacia arriba, se produce un gran estrépito y desde las profundidades emergen veloces alimañas que se avalanzan enloquecidas sobre la mujer. Estas horripilantes escenas se han multiplicado en las últimas horas en cada uno de los pisos de la torre y desafortunadamente ningún habitante del edificio ha podido escapar con vida.
El comandante Wosfeller está despertando, ha alcanzado a dormir casi sesenta minutos, al abrir los ojos, lo primero que observa es al coronel Córman durmiendo en un sillón y cubierto con una gruesa frazada. Córman está profundamente dormido y tiene la boca abierta, a Wosfeller le llaman la atención los fuertes ronquidos de su camarada, se incorpora y comienza a caminar hacia la cocina. En este mismo edificio donde se ha instalado la cúpula del comité de emergencia, hay un movimiento generalizado, todo tiene la apariencia de estar coordinado y los miembros pertenecientes a las distintas fuerzas que ocupan la totalidad del lugar, visten uniformes de fajina y no abandonan sus armas reglamentarias en ningún momento. Los guardias que vigilan a los norteamericanos Richard Kramer y James Crumb, proceden a despertarlos y les hacen saber que en quince minutos deberán conducirlos al piso donde se reunirán con la plana mayor del comité militar. Kramer el miembro de la CIA que junto a Crumb fue sacado prácticamente por la fuerza del hotel internacional donde se alojaban en la zona de Retiro se siente indignado e impotente ante esta acción descabellada llevada a cabo por militares argentinos, también lamenta no poder comunicarse con la embajada de su país que seguramente ignora que se encuentra secuestrado en ese edificio. Crumb se limita a mirarlo sin decir palabra.
-Oiga, usted parece de hielo ¿porqué diablos no dice algo, no se dió cuenta aún que estámos en
serios problemas?
-Mire Kramer, estos tipos saben perfectamente bien quienes somos y seguramente han
ingresado a nuestras computadoras portátiles y han visto todo el material que guardamos allí,
responde Crumb impasible.
-Sí, ya están al tanto de lo que está pasando en su contaminado riachuelo y me temo que ya es
demasiado tarde para que puedan impedir que Buenos Aires sea finalmente destruída, dice
Kramer, mientras observa que la puerta del departamento se abre y aparecen dos militares que
con un ademán, les hacen saber que deben acompañarlos.
En tanto y bastante lejos de allí, "Peligro" se ha despertado, se siente mejor e intenta incorporarse para dirigirse hacia el baño, ya que tiene urgencia por orinar. La habitación está apenas iluminada por la tenue luz de una vela que el delincuente toma y lleva consigo para que le facilite avanzar por la vivienda donde Malena le ha dado refugio y abrigo. Camina hacia la salida del cuarto donde hay un pasillo y supone que al final del mismo está lo que busca, hace demasiado frío en ese departamento grande, oscuro y bastante antiguo. Ya ha finalizado con su necesidad, afuera se escuchan los truenos a los que ya está habituado oir, se pregunta donde estará Malena, seguramente la vieja está durmiendo piensa, pero de pronto escucha un ruido detrás suyo, se dá vuelta y vé a la mujer parada al final del corredor.

martes, 13 de mayo de 2008

EL INTENTO

Prácticamente todos los estadios existentes en la ciudad de Buenos Aires, están ocupados por miles de familias que buscaron masivamente el amparo de estos amplios espacios de cemento en su desesperado intento por ganar lugares que presumían sólidos y cuyas imponentes estructuras no serían invadidas por las aguas. Lamentablemente para los refugiados, la mayoría de estos centros deportivos importantes como la cancha de Boca, River, Vélez y otros, tienen el sector de campo cubierto con una altura de más de dos metros de agua, hecho que obliga a la gente allí reunida a alojarse como puede en palcos y plateas. Las bases militares posicionadas en el resto del país, están logrando comunicaciones radiales óptimas entre sí y sus comandantes se han puesto de acuerdo para iniciar “oleadas” de rescate mediante la utilización de todos los helicópteros disponibles. Estos operativos se llevarán a cabo de inmediato, solo resta sincronizar los diferentes puntos de aterrizaje que se utilizarán en este puente aéreo de magnitud.
Mientras la aviación naval, militar e inclusive la civil, han hecho un reclutamiento de máquinas y pilotos para poner en marcha el gigantesco rescate por aire, el “Arca” la balsa fabricada por Indalesio Peral está navegando hacia el sector más poblado y edificado de la ciudad. El viento ha disminuído ahora, esto facilita la tarea de los “remeros” que mueven la balsa sin velámen. Peral observa que están a unos mil metros del destino elegido donde intentarán conseguir asistencia médica para los pacientes que están en la carpa de la embarcación, entre ellos la doctora Elena, una de las más afectadas. El “Arca” lleva seis horas transitando con lentitud sobre las aguas ennegrecidas y colmadas de escollos de distinta especie. Peral piensa en el padre Marinello, el doctor Beguet y el resto de la gente que ha quedado aislada en el centro de asistencia, y si consiguen arribar a algún puesto de socorro, lo primero que hará es tratar de lograr que alguna embarcación de mediano porte se dirija de inmediato hacia esa “isla” de cemento perdida en la desolada inmensidad líquida. En ese mismo instante el padre Marinello le está dando la extremaución a un muchacho moribundo que solo tiene unos veinticinco años de edad. Ese jóven llamado Fernando había llegado a nado y al límite de sus fuerzas hasta el hospital de emergencia y aunque se hicieron todos los esfuerzos para sacarlo de su principio de congelamiento y se le brindaron todos los cuidados necesarios, Fernando comenzó a empeorar . El muchacho que había pasado demasiadas horas flotando sobre las frías aguas sostenía con uno de sus brazos a su pequeño hijo Matías de tres años de edad. Ambos habían conseguido llegar e ingresar en el edificio del padre Marinello, pero el niño murió a las pocas horas. El cadáver de Fernando también fue arrojado al cementerio acuático. El doctor Beguet se sentía muy agotado, quería descansar al menos un par de horas y reponer algo de las fuerzas que lo estaban abandonando progresivamente. Lo mismo ocurría con el padre Marinello que hacía todo lo posible por seguir de pié y asistir a los refugiados, quería darles ánimo e infundirles fé, ya que estaba seguro que con ayuda de Dios, Indalesio llegaría a destino con el “Arca” y pronto les enviaría ayuda.
El sacerdote se sentó en un rincón de la habitación destinada a los médicos y enfermeras, hacía demasiado frío y el agua potable aunque estaba racionada, era cada vez más escasa al igual que las raciones de alimentos, el padre cierra los ojos, está exhausto y con el rosario en sus manos se duerme profundamente. El “Arca” navega entre la bruma que emana de las aguas, desde que salieron del centro de emergencias solo han visto cadáveres de humanos y animales flotando a la deriva pero ninguna señal de vida, las casas que iban apareciendo en el trayecto daban todo el aspecto de haber sido abandonadas. La parte superior de la carpa de lona armada en la balsa, estaba pintada con una cruz blanca, esta previsión fue tomada para que embarcación fuera divisada desde las alturas. Durante el lento trayecto el “Arca” chocó en varias oportunidades con varios féretros de madera, los tripulantes calculaban que esos ataúdes procedían de algún cementerio cercano y que la inundación hizo que se desentierren y afloren a la superficie. Peral nota que los hombres encargados de mover los remos pierden mucho tiempo apartando los obstáculos que en ocasiones hacen peligrar a la endeble balsa. Ahora ingresa a la carpa donde está acostada la doctora Elena, los tripulantes se van turnando para ingresar al interior del habitáculo y protegerse del frío, el viento y la lluvia. La médico ha despertado, una de las mujeres que viajan en el interior de la parte cubierta, le alcanza una taza de té caliente que extrae de uno de los termos. Elena ha tenido vómitos provocados por los vaivenes de la balsa, además una gran cantidad de agua ingresa constantemente dentro de la carpa. Peral está controlando el estado de las maderas que conforman la estructura del “Arca”, algunas de ellas se han aflojado y ahora junto a dos integrantes de la tripulación, intenta asegurarlas con sogas.
Un grito irrumpe el monótono desplazamiento, ¡Helicóptero, allí, allí está! Grita uno de los remeros. Las luces titilantes de la aeronave que sobrevuela a baja altura se distinguen claramente, Peral siente que su corazón está a punto de salirse de su sitio. Todos los que están en el “Arca” comienzan a gritar y hacer señas con sus manos hacia lo alto. Peral está intentando encender una antorcha improvisada con papel y trozos de tela, pero falla en todas las ocasiones, cuando la lluvia apaga su encendedor. El helicóptero se pierde entre las negras nubes hasta desaparecer de la esperanzada mirada de los desesperados balseros.
En este instante, otro helicóptero, esta vez perteneciente a la Marina, está posándose en la plataforma instalada en el último piso de la torre donde funciona el llamado comité de catástrofes integrado por miembros superiores de las diferentes fuerzas armadas.
la señora Aspiazu y el jóven Ramos, los periodistas que han sido trasladados a ese sitio destinado como comando de operaciones, están descansando en un departamento del piso veintitrés, lo mismo hacen en un departamento contiguo oficiales pertenecientes a Prefectura Naval y Gendarmería. Los efectivos de Policía Federal se distribuyen en guardias de cuatro horas con el fin de vigilar cada uno de los pisos del edificio, este recaudo lo han tomado para proteger el lugar y tener el control absoluto del mismo. Allí, todos los sistemas de seguridad funcionan perfectamente gracias a potentes generadores que alimentan de energía a los pisos habitados, ya que la gran mayoría de los allí residentes optó por auto evacuarse a las pocas horas de iniciada la catástrofe climática. El general Wosfeller comandante del comité, se encuentra junto al coronel Córman, éste último fué quién lo convenció de no entrar en discusiones subidas de tono con Richard Kramer, el alto miembro de la CIA, que en una audaz operación tipo comando sacaron junto a James Crumb, el jóven científico que lo acompaña del lujoso hotel donde se alojaban. Córman sugirió a su jefe que los "huespedes" descansen unas dos horas y posteriormente se los interrogue. Wosfeller bebe otra taza grande de café y aunque se siente fatigado, ha preferido estar atento a las comunicaciones radiales que le permiten estar en contacto permanente con las bases aéreas de Ejército y Marina, Córman mira a su superior al tiempo que le pregunta:
-¿Que opina del puente de rescate aéreo que están planificando los de la aviación?
-Es un gran intento, pero ninguna de las fuerzas intervinientes tienen suficientes helicóperos
como para que tamaña operación tenga éxito, hay millones de personas que necesitan ser
evacuadas y tampoco disponemos de apoyo terrestre como para evitar desórdenes y desbordes
al momento de ascender a las máquinas, todo el mundo querrá entrar a los helicópteros, como
cuando los norteamericanos abandonaron Saigón, ¿recuerda? responde Wosfeller.
-Es verdad, pero creo que usted tiene un temor mayor Comandante, ¿o me equivoco?.
-Nó, no se equivoca coronel, aquí hay algo más grave, usted y yó sabemos que ese hilo carnívoro
y casi invisible del que tanto oímos hablar está instrumentado y creado por una fuerza invasora
que no és de este planeta, solo el yanki y su secretario pueden darnos la respuesta que
obtendremos en solo dos horas, responde Wosfeller.

MALENA

“Peligro” abre sus ojos, está confuso, se percata que se encuentra acostado en una cama dentro de una habitación bastante amplia. Observa a su alrededor y ve que el lugar está repleto de muebles antiguos, una escasa iluminación proviene desde una ventana que supuestamente da al exterior. También le llama la atención una lámpara de bronce con colgantes de cristal que pende del techo alto y con pintura descascarada. Recuerda que cuando estaba en la cornisa a merced de la lluvia y el fuerte viento, una mujer le abrió el ventanal y le permitió entrar a ese sitio. Ahora escucha el sonido de un tango que surge desde algún lugar de la vivienda. En flashes aparecen en su mente las últimas imágenes del gran remolino que sorpresivamente surgió en la bocacalle provocando que él y su cómplice Porreta caigan a las aguas, cuando la lancha zozobró y comenzó a girar fuera de control en el embudo liquido. Ignora lo que sucedió con Porreta, no sabe que si está vivo o muerto y maldice el momento en que se le ocurrió asaltar la casa del joyero donde murieron Chirripa y “el zurdo”. Jamás imaginó que allí habría gente que los recibiría a balazos, había perdido, solo quería volver a su refugio en la villa y salir de este lugar lo más rápido posible. Una mujer portando una bandeja irrumpe silenciosamente en el dormitorio. Tiene cabellos entrecanos y largos, es una persona que aparenta más de sesenta años, lleva sobre sus hombros un abrigo de piel y tiene puesto un vestido largo con encajes bordados en el cuello y los puños, ahora se sienta en una silla ubicada junto al lecho de “Peligro” y acariciando su rostro le dice:
-¿Cómo estás, te sentís mejor?
-Sí, sí, bastante mejor, solo tengo frío, ¿Cuánto hace que estoy aquí?
-Dormiste más de quince horas, cuando entraste estabas al borde del
Congelamiento, por suerte pude escuchar tus gritos de auxilio, dice la mujer.
-Gracias señora, le debo la vida, dice “Peligro”.
-Me llamo Malena, como la del tango, ¿Qué hacías allá afuera, estabas con los
grupos de rescatistas, que te pasó? pregunta la mujer.
-Sí, estaba con tres integrantes de un grupo de rescate y nuestra lancha se dió
vuelta, mis compañeros murieron ahogados y creo que fui el único que pudo
salir con vida. Y usted, ¿está sola?.
-Ahora sí, este departamento era de mi madre, vivímos juntas durante más de
veinte años, ella estába inválida y la cuidé hasta su último día, pero cuando
empezó esta tormenta, mis vecinos de la planta baja me pidieron que me vaya
con ellos a un lugar seguro pero no quise dejar a mis mascotas ni abandonar
este lugar donde están todos mis recuerdos dice Malena con tristeza.
“Peligro” respira aliviado, le causa tranquilidad saber que llegado el momento no le resultará difícil reducir a Malena, robarle algo de dinero, cosas de valor y buscar la forma de irse de ese ámbito frío, triste e impregnado de fuerte olor a humedad. Por el momento, el delincuente se siente débil, hace varias horas que no prueba un mísero bocado de comida y ha tenido demasiada suerte al salvarse de morir ahogado. Malena, le levanta la cabeza y pone una almohada debajo para que se encuentre más cómodo. En la mesa de luz había dejado una bandeja con un recipiente que aparenta ser de plata, quita la tapa, y utilizando una cuchara grande, le pide al delincuente que pruebe un poco de guiso.
-Te va a hacer bien, tuviste mucha fiebre y perdiste fuerzas, comé un poco,
está recién hecho, le dice Malena.
“Peligro” tiene hambre y no duda en probar lo que la mujer pone en su boca con total delicadeza. El sabor de ese guiso no termina de convencerlo, supone que debe ser algo enlatado, pero no le dá demasiada importancia y continúa comiendo con ansias. Ha bebido bastante agua y el cansancio vuelve a invadir al delincuente. Malena le ha tomado la fiebre y “Peligro” se duerme. La mujer, desde el ventanal de la habitación mira hacia la calle, los truenos continúan haciéndose oír, acompañados como siempre por relámpagos y la lluvia monótona e incesante. Malena comprueba que “Peligro” se ha quedado profundamente dormido, abandona la habitación y se dirige hacia la sala principal donde tiene su viejo grabador de pilas, elige otro casette, pone el aparato en funcionamiento y recostada en un sillón, escucha “El día que me quieras” en la voz de Carlos Gardel.
En ese mismo instante, en el edificio, el capitán Castillo mira el retrato de su difunta esposa, recuerda que con ella compartió muchos años de felicidad y que desde el día que falleció víctima de una enfermedad terminal, ya su vida no fue la misma y mucho le costó adaptarse a la soledad. Una y otra vez lee las cartas que ambos escribían e intercambiaban cuando él estaba en la guerra de Malvinas. Esas misivas han sido escritas con puño y letra de ambos, las de su esposa exhiben que algunas partes de las letras están manchadas, posiblemente por sus lágrimas de angustia. Castillo no puede evitar el llanto, el destino y la catástrofe que azota la ciudad, lo han convertido en un náufrago más, se siente culpable de no poder hacer nada por sus infortunados vecinos de la torre. Las imágenes horrorosas de gente con su cuerpo deshecho como Mora, Deborah, Ramón, su esposa, el matrimonio Amorós asaltan sus pensamientos. Demasiadas muertes, demasiada ira del cielo con enemigos desconocidos y crueles como el líquido invisible y las ratas hambrientas que están esperando el momento de atacar, mira su pistola, sabe que el arma solo servirá cuando ponga fin a su existencia antes de ser envuelto por las alimañas y morir despedazado. Los pequeños ruidos vuelven a oirse, Castillo toma la pistola que tiene lista para disparar, se escuchan gritos por todas partes, ¡hijas de puta, ya empezaron! exclama al tiempo que sale presurosamente de su departamento.
Las rejillas que facilitan el ingreso del aire acondicionado a los distintos ambientes de los departamentos de la torre, estallan al unísono, los roedores han hecho fuerza impulsándolas hacia afuera. Miles de ratas voraces salen en tropel por esas aberturas avalanzándose sobre toda persona que se interponga en su ruta depredadora, el doctor Marino ha escuchado el chillido masivo de las ratas, toma a su esposa de la mano y la conduce hacia la cocina, donde se encierran a la espera de lo peor. El médico tiene en su mano derecha la pistola que le entregó Castillo, se abraza a su mujer que tiene los ojos poblados de lágrimas y tiembla de miedo, el ruido crece cada vez más, si bien las canillas han sido obstruídas, las alimañas han encontrado , además de los conductos de aire una nueva ruta utilizando las cañerías de cloacas y desagües existentes en el edificio, el sonido violento se produce debajo de la pileta de la cocina, precisamente donde está ubicado el denominado "sifón", Marino no duda, apoya la pistola nueve milímetros en la sien de su esposa y el estampido de muerte rápida se mezcla con una marea de roedores que irrumpen en el sitio y están clavando sus filosos colmillos tanto en el cuerpo agonizante del profesional, como en el de su mujer.